Madre

dia de la madre

Me duele el lado izquierdo del cuerpo.

La emoción no es precisamente lo que proceso mejor.

Mi territorio es la mente, las palabras, la acción.

 

Sentir me desconcierta. Me desarma. No soy de fácil rendición.

Pero lo intento.

 

En los caminos oscuros del corazón he entendido que el cuerpo puede ser brújula.

Mi seno izquierdo, el lado izquierdo de mi cadera, mi escápula izquierda, palpitan levemente.

Me resisto a googlear.

Mi mamá está despertando ahorita al otro lado del océano y hoy es el día de la madre.

A mi inconsciente no le interesan mis racionalizaciones balurdas sobre “un día inventado para el consumo”.

Mi niña interna, sin pasado ni futuro, extraña a su mamá.

 

A diario me pregunto si quiero ser madre.

Sé que la respuesta es sí. Otra vez el cuerpo me lanza una pista.

Mi útero cruje cada vez que mira a un niño.

Mi mente no sabe, no contesta. Voltea los ojos en señal de impaciencia.

Y es que la maternidad es un tema.

 

Me gusta la creatividad con eficiencia.

Hacer lo mejor que puedo para escribir un texto redondo, idear una estrategia efectiva, interpretar y leer una carta astral con conclusiones esclarecedoras y útiles.

Sé que la maternidad es un oficio falible.

 

Los mommy issues que conozco son incontables.

Los que por ignorados se hicieron autosuficientes y reacios a recibir.

Los excesivamente amados que por sobreprotegidos se hicieron temerosos y dependientes.

Los no deseados que lidian con la herida primigenia del rechazo.

Los suficientemente amados que igual les toca lidiar con un cordón umbilical de acero.

 

A veces hablo con mi hijo.

Le cuento cómo voy en el proceso de encontrarlo.

Le he dicho que no es un ítem más en mi lista de pendientes y por eso me he tardado.

Aprendo a avanzar en horas/corazón.

Le he confesado que estoy abrazando mis imperfecciones para recibirlo sin apego al resultado, aceptando que seré una madre imperfecta como todas, pero que haré, como todas, lo mejor que pueda.

Que tendrá que ir a terapia. Y yo también.

Que quizás me verá mucho tiempo sentada frente a la computadora.

Que nunca me verá preparar un mondongo.

Que voy a necesitar mi espacio.

Pero que también voy a inventar cuentos basados en su carta astral.

Que vamos a abrazarnos mucho y a decirnos cosas cursis.

Que voy a avergonzarlo con sus amigos por ser la mamá que habla de astrología en las reuniones de padres.

Que me va a doler el lado izquierdo del cuerpo cuando él esté triste.

Que lo voy a amar con todo mi ser aunque la emoción no sea mi terreno favorito.

Que voy a asumirme vulnerable por él.

Que será mi creación más importante.

Que amará las palabras como las amo yo, como me enseñó a amarlas su abuela, mi madre, quien hoy despierta al otro lado del océano, probablemente pensándome a mí y a mis hermanos.

Que tal vez nuestro encuentro no sea en esta vida.

Hijo, aún no lo sé.

 

Temo la falibilidad segura de la maternidad.

Observo el latir casi imperceptible de mis caderas.

Una madre, mi madre, la madre que aún no soy y que tal vez seré, me habitan.

De todas ellas tomo la vida.